Refutando los argumentos ateístas contra la existencia de Dios (parte 1)

¡Dios les bendiga!

Con este post voy a iniciar una serie de varios artículos en donde responderé (por petición de un comentarista en mi fan pages de facebook) a una publicación de una página llamada agnosticismo y ateísmo científico, que enumera una serie de argumentos contra la existencia de Dios. Aunque ellos lo hacen en una sola publicación, yo me tomare varias, pues de lo contrario escribiría una bastante larga.

El método a utilizar será ver lo que ellos dicen y luego responder. Así que postearé cada argumento que ellos nos ofrecen con sus propias palabras y sin alterarlo, y luego daré mi respuesta. Cabe señalar que en sí no tenemos unos argumentos, sino la mención de en qué consisten dichos argumentos. El autor del post original nos dice que se quiere decir con el argumento, pero el mismo no justifica nada de lo que dice ni presenta la evidencia pertinente para justificar cada premisa. Dicho todo esto, comencemos.

Argumentos en contra de la existencia de Dios.

Antes que nada quisiera aclarar de que existen dos clases de ateísmo: el “ateísmo práctico” y el “ateísmo teórico”. Los argumentos en contra de la existencia de Dios solo provienen del “ateísmo teórico”. Los argumentos pueden ser empíricos, deductivos, inductivos, metafísicos o subjetivos.

Argumentos empíricos:

  1. El determinismo científico se opone a la existencia de milagros.

La concepción de un universo regido por las leyes de la naturaleza se ha contrapuesto con las intervenciones divinas y otros tipos de interferencia sobrenatural. ¿Existen excepciones a las leyes que violen la evolución natural del universo, es decir, un milagro? La respuesta a esta pregunta ha estado dividida a lo largo de la historia y ha sido discutida por importantes científicos, filósofos y teólogos. Platón y Aristóteles no lo creían. A excepción de Descartes, casi todos los pensadores cristianos mantuvieron que Dios era capaz de violar o cesar las leyes si lo quisiera. Incluso Newton creyó en tales milagros: debido a las perturbaciones producidas por la atracción de la gravedad del Sol, el sistema solar solo sería estable si un relojero le “diese cuerda” y reiniciara periódicamente las órbitas evitando el cese del “reloj celestial”, ya sea por el colapso de los planetas hacia el centro del sistema o su expulsión hacia los cielos.

Laplace arguyó correctamente que tales perturbaciones deben ser periódicas y cíclicas, en vez de acumulativas. El sistema solar se estabiliza a sí mismo y por tanto ya no hay necesidad de recurrir al actuar de un ser divino para explicar por qué nuestro sistema ha sobrevivido hasta el día de hoy. Es a Laplace a quien se suele atribuir la primera formulación rigurosa del determinismo científico: dadas todas las condiciones de un instante cualquiera, un conjunto completo de leyes determina totalmente tanto el futuro como el pasado. Esto excluye la posibilidad de milagros o un papel activo de Dios y ha sido la respuesta de los físicos modernos a la pregunta antes formulada y es, de hecho, la base de la ciencia moderna. Una ley científica no es tal si solo se cumple si un ser sobrenatural decide no intervenir. Respecto a este punto, se dice que Napoleón le preguntó a Laplace sobre el papel que desempeñaría Dios en el universo, este respondió: «Señor, no he necesitado esa hipótesis».

Se argumenta en contra de la existencia de Dios en base a la “imposibilidad de los milagros” y se aboga por un determinismo científico. Hay varios problemas con la justificación de este punto:

  1. Aun si Dios no puede intervenir en el universo (hacer milagros) y este se rige por el determinismo científico, no sería prueba suficiente de que Dios no existe, sino que, como mucho, seria prueba de que no interviene o no puede intervenir en el universo. Lo que se concluye no se sigue de las premisas, por lo tanto, estamos ante una falacia non sequitur.
  2. Se define malamente que son los milagros. Los milagros no son violaciones a las leyes naturales, sino complementaciones a esas leyes. Pero no solo con la definición hay un problema, sino que también los hay con la forma en que la ciencia funciona. Tema a tratar en el siguiente punto.
  3. Se cree que la ciencia es una prescripción de lo que debe pasar, cuando es una descripción de lo que pasa en condiciones ideales. La ciencia es posible no porque Dios no interviene (y si lo hace, “ya no sería posible”), sino porque existen leyes regulares que describen lo que pasa en condiciones ideales. Sabemos que el agua hierve a 100°C. Eso pasa en condiciones ideales, como a 1 atm de presión. Pero cuando no tenemos esa condición ideal, esta “regularidad de la ciencia” no se cumple, provocando así (según la definición del autor original) que esto se llame un milagro. Si tomamos la definición de milagros como fue dada, y empezamos a hablar de leyes que no ocurren en casos ideales, tendríamos miles de milagros, lo que sería evidencia que según el autor, probaría que Dios existe, si aplicamos su propio non sequitur.

Es un error creer que los milagros son violaciones a las leyes naturales que siempre deben suceder. Las leyes naturales no nos dicen lo que debe pasar, sino lo que pasa en condiciones ideales.

  1. El problema del mal se opone a la existencia de un Dios que es al mismo tiempo omnipotente y omnibenevolente argumentando que ese Dios no debe permitir la existencia del mal o el sufrimiento en el mundo.

El argumento que se quiere sugerir en este punto es un falso dilema, pues supone que si Dios existe el mal no debe existir, y si este existe, entonces Dios no existe. El problema con esto es que no considera que Dios puede tener buenas razones para permitir el mal, pues además de Omnipotente y Omnibenevolente, es Omnisciente, y si podemos demostrar que lo es, sus razones para permitirlo, aunque desconocidas para nosotros, son razonables.

Otro punto curioso con sugerir el problema del mal como argumento contra Dios, es que hay 2 problemas serios. El primero es que esta versión del argumento (el lógico), es defectuosa, pues el crítico debe proporcionar evidencia lógica de dónde está el problema con un Dios amoroso y la existencia del mal. Segundo, para hablar que existe una mal objetivo, debe existir una moral objetiva, la cual solo puede existir si Dios existe. Es decir, para demostrar que le problema del mal es un problema para la existencia de Dios, hay que asumir que este existe para poder usar la moral objetiva para poder hablar del mal objetivo. El verdadero problema lo tiene el crítico, no el teísta. Hablar de una moral objetiva (lo único que permite que el argumento del problema del mal tenga coherencia) es hablar de la existencia de Dios. La existencia del mal es una prueba de que Dios debe existir. Ver las razones de esto en el argumento moral.

  1. El argumento del diseño se opone a la idea de que Dios creó la vida. Recurre para ello a los múltiples ejemplos biológicos que parecen exhibir un mal diseño, así como a la innumerable evidencia de adaptaciones como consecuencia de la evolución biológica. Esta viene regulada por la selección natural y no es resultado del creacionismo o de un diseño inteligente. Este razonamiento se opone al argumento teleológico y a otras teorías.

Como no se da evidencia en contra del diseño inteligente, no la presentaré, solo lo general. Se nos dice que hay ejemplos de mal diseño. Esto es un problema grave, pues hay que suponer que el autor sabe para qué fue diseñado X o Y, para poder decir que hay mal diseño. Es más, el autor desconoce en qué consiste el diseño inteligente, pues esta no es una explicación a favor del mejor diseño, sino de rasgos que solo pueden existir con un diseñador inteligente. Se confunde diseño inteligente con diseño inteligente.

Otro punto que se ignora, es que el mismo movimiento del diseño inteligente argumenta a favor del diseño natural, pero inteligente. El punto es diseño inteligente versus azar, no mejor diseño versus azar.

  1. El argumento de la no creencia se opone a la existencia de un Dios omnipotente y de que los seres humanos crean en él. La simple existencia de seres humanos que no lo hacen, demuestra la incapacidad de Dios para lograrlo. Esta es una demostración empírica (dado que la existencia de incrédulos es un hecho observable) de ciertas paradojas lógicas, como la denominada Paradoja de Russell. Realmente, Bertrand Russell no buscaba ninguna trascendencia teológica o atea a su paradoja, sino que la usó como ejemplo de contradicción o reducción al absurdo de la teoría de conjuntos de Cantor y Frege.

El autor dice que la no creencia es evidencia de la no existencia. Confunde saber o conocer con existir. Su argumento ahora es epistémico, o pretende serlo, cuando lo que se habla es de asunto ontológico. Que haya ateos no es evidencia de que Dios no existe, como no es evidencia de que porque haya ciegos, el mundo objetivo físico no existe.

Dios no deja de ser Omnipotente porque haya ateos. Puede tener razones para no darse a conocer a la humanidad abiertamente (aunque históricamente ya lo hizo) como que muchos se verían obligados a creer en él por temor u obligaciones y no por amor. Por eso, puede dejar su existencia lo bastante accesible para el buscador sincero.

  1. El argumento de la parsimonia (o aplicación del principio de la navaja de Occam) sostiene que, dado que teorías naturales (es decir, que no recurren a lo sobrenatural) explican adecuadamente el desarrollo de la religión y la creencia en los dioses, la existencia real de tales agentes sobrenaturales es superflua y puede prescindirse de ella, a no ser que se demuestre su necesidad para la explicación del fenómeno religioso.

Las teorías naturales no explican mejor la existencia de los dioses y las religiones, es más, son absurdas, pues parten de que no existen para demostrar el “origen natural de los dioses y las religiones”. Sus argumentaciones son peticiones de principio, que parten de lo que van a demostrar para concluir lo que ya asumieron. Pero peor aún es el hecho de que todo el punto 4 se basa en una falacia genética.

  1. 5. La falta de apariciones divinas a lo largo de la historia, ya que solo se atestiguan en escasos relatos bíblicos de la Antigüedad y ante muy pocos testigos, se ha esgrimido como fuerte evidencia contra la existencia de Dios. Las nulas pruebas reales de fenómenos sobrenaturales en el espacio, tras siglos de observación astronómica, constituyen otra prueba en contrario. La propia ciencia de la lógica propone: «Todos los cuervos son negros hasta que aparezca uno blanco», de lo que cabe deducir, por transposición lógica, que Dios no existe hasta que aparezca. Las pruebas subjetivas, por sentimientos personales, al estilo de «sentir su presencia y saber que existe», no sirven como prueba, ni para ser falseadas (en referencia al filósofo Popper). Uno podría sentirse habitado también por el Diablo o por el espíritu del pirata Henry Morgan y no habría manera alguna de probarlo. A este respecto, Richard Dawkins escribió en El espejismo de Dios “Cuando una persona sufre delirio, se le llama locura. Cuando muchas personas sufren un delirio, se llama religión”.

Se dice que el ateísmo es tan antiguo como la creencia en Dios y los dioses, por lo que hace pensar de que hubo testigos que no vieron ningún dios o dioses. Los testigos que dicen haber visto algo no son de confianza ya que podría tratarse de alucinaciones. No sucede lo mismo con los testigos que dicen no haber visto nada.

Anteriormente argumente que las “faltas de apariciones” no demuestran que Dios no existe, pues él puede tener razones para “no aparecer”.

Ahora, se recurre a la lógica para decir que hasta que no haya evidencia de Dios, este no existe. Este es un error básico de lógica, pues se cree que la única forma de probar que Dios existe es inductivamente (se puede probar de esta forma), cuando se ignora que deductivamente sí se puede demostrar su existencia, también. Este razonamiento comete el error del cisne negro. Que no se vea un cisne negro no quiere decir que no existe. De la única forma en que esto puede ser válido, es que se tenga razones para dudar de su existencia. Por ejemplo, puedo argumentar que no existen océanos a TPN en estado gaseoso, pues con esos parámetros ideales, solo pueden existir en estado líquido. Así, tengo razones para justificar la falta de evidencia. En nuestro tema, ¿Qué razones presenta el autor para justificar la ausencia de Dios? ¿Qué no existe? Pero eso es lo que pretende demostrar, y si esas son sus razones, sería una falacia de petición de principio todo su argumento.

La ausencia de evidencia no es evidencia para la ausencia, a menos que se tenga buenas razones que justifiquen la misma.

Conclusión

En esta primera parte no hemos vistos razones que justifiquen los argumentos ateístas. La mayoría se basan en el desconocimiento de la lógica y la evidencia de lo que significan los términos o movimientos científicos. De esta manera, vemos que en la parte empírica, el autor fracasa en lo que pretende, pues no hay un punto que nos haga concluir que Dios no existe.

En la próxima parte veremos más argumentos.

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